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De la realización de los ensayos se concluye en que estado se encuentra el aceite, si hay un problema de contaminación y conviene filtrar bajo vacío y eliminar agua, o se considera un deterioro químico y se evalúa con ensayos complementarios si se puede regenerar el aceite filtrando a través de tierras adsorbentes, o hay que sustituirla.

Como consecuencia de los variaciones en la encarga, la temperatura del transformador, y la del aceite, cambian, por ello varía el nivel del aceite en el depósito de expansión, saliendo y entrando aire. Por este motivo se considera de vital importancia el estado del deshidratador con su carga de silicagel en perfectas condiciones, para evitar que el aceite se contamine.

Sólo unos veinte miligramos de agua por kilogramo de aceite, 20 ppm, pueden provocar la caída del cincuenta por ciento de la rigidez dieléctrica. Esto supone un evidente peligro para la seguridad de las personas y la instalación ya que es el aceite aislante el que soporta, casi por si solo, el aislamiento a tierra.

Además produce una descomposición más rápida del aceite.
Algunos de los productos de descomposición del aceite son ácidos.
Los compuestos polares contribuyen a aumentar las pérdidas dieléctricas del transformador, que como en el caso de los sedimentos elevan la temperatura del aceite.

El transformador está considerado como una máquina confiable, sin desgaste en las instalaciones. Pero los materiales están sometidos a esfuerzos constantes, por ejemplo: Sobre cargas, sobretensión de origen atmosférico o de maniobra, si los materiales no están en buen estado, pueden dar origen a una avería que en muchos casos no se manifiesta de manera inmediata por lo que se denomina potencial.

La experiencia muestra que aproximadamente un veinte por ciento de los transformadores presenta síntomas de averías latentes que producirán una desconexión espontánea.

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